Pedro y 'Wilma' estaban condenados a entenderse, pero va a ser prácticamente imposible. 'Wilma' no quería presentarse. No lo tenía claro. San Telmo la cobijaba del frío judicial madrileño, y la estación del AVE quedaba andando demasiados minutos al norte, donde nadie la conocía, donde casi todo el mundo la consideraba señalada por el dedo corrupto de sus protectores, una más. Pero el aparato era demasiado exigente como para negarse. Demasiados los intereses, demasiadas las verdades ocultas tras las mentiras oficiales, y pocas las reflexiones que invitaran a la refundación, a pesar de que el poder pasaba de largo elección tras elección, sin que los votantes mayoritarios superaran la desconfianza hacia unas siglas otrora míticas e históricas. El partido estaba muerto. Entre todos lo mataron y él sólo se murió. Seguía inerte, de cuerpo presente, alimentado artificialmente por una 'gestora', que respondía a los impulsos de los señoritos del patio y del pal...
No me gusta que digan que las rubias somos tontas. Aunque yo nunca afirmé que lo fuera. Rubia, me refiero.