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Mostrando las entradas etiquetadas como libertad de expresión

Profilácticos para evitar corrientes de opinión infecto-contagiosas

Debo el título de esta segunda entrada -tercera, para ser exacta-, al fino sentido del humor del forero @Boyevik, en plan guerrero, pelín machista pero siempre genial, que en respuesta a otro forero le comentó que un preservativo puesto en la mano no 'surte efecto'. Pero en otras partes del cuerpo -y fundamentalmente de la mente, como funda mental- sí. El cuarto poder, que no sé si existe pero manifestarse bien que se manifiesta, sobre todo los sábados por la noche a grito pelao, insiste en convencernos de la bondad de reconducir nuestros pensamientos en dos sentidos: la izquierda y la derecha, en un enfrentamiento perverso e irresoluble. Aparece Dios, al lado de una poltrona roja y sin corona -nunca antes me lo había imaginado así-, acompañado a diestro y siniestro de sus pedagogos apóstoles empeñados en revelarnos la verdad esencial del mundo, dispuestos a guiar nuestros espíritus hacia la formación de la conciencia correcta, la suya, obviamente. Da igual el tema, la ...

El tamaño SÍ importa

750 caracteres limitados son los responsables de que usted se encuentre leyendo estas frases. 750 míseros caracteres, que en ocasiones son excesivos, pero que puestos como límite al discurso empequeñecen la controversia, aligeran el debate, lo superficializan y, sobre todo, eliminan brillantes y necesarios contrapesos en la formación de la idea. La participación de los lectores y su interactuación con los creadores de opinión no puede limitarse a una reproducción continuada pero discontinua de tuits dirigidos a mejor proveer, sin sustancia posible y sin capacidad de elaboración de un discurso medianamente coherente y armado que contrarreste o reafirme la validez del argumentario comentado. 750 salidas de los foros son las que probablemente ha ocasionado la decisión de una nueva dirección moderna en el periódico VozPópuli, empeñada en enmascarar la libertad coartada de los foreros con aires de modernidad, mal entendida, y con la excusa de la apoyo a la interacción, mentiras...

El odio y el género, el género del odio y el odio al género

Se están perdiendo los valores. Los de siempre. Los tradicionales. Y no es que me tenga yo por una ferviente defensora de los mismos. Pero los echo de menos. Muchas veces. Demasiadas. No me refiero a la misa diaria y a la confesión semanal. No. Ni a los cuchicheos detrás de las cortinas viendo la gente pasar por la calle. Me refiero a la educación basada en el respeto, en el reconocimiento de la autoridad de los padres, de los maestros, de las personas de bien, de los mayores, en la buena educación con los vecinos, los familiares, con las personas que nos cruzamos con la calle, con las que entran en el autobús en el que estamos sentadas, con el silencio de la sala de un hospital. Nos infunden y atosigan con el reconocimiento y exigencia de nuestras libertades y derechos individuales, matizados por los de la colectividad -ese ente intangible y muchas veces ininteligible-, y perdemos las buenas costumbres del buen padre de familia, que tanto adorna los criterios i...