Ir al contenido principal

Entradas

La inestabilidad vive arriba

Tuvieron que venir todos para matarlo. Políticamente, claro. Porque él se resistía como gato panza arriba. A pesar de que fueron su silencio ignominioso, su parálisis política, su negación reiterada de la tozuda y criminal realidad, su plasmada visión de todo aquello que pudiera moverse más allá de su poltrona, y su incrédula desconfianza de aquellos que le bailaban el agua, día sí, día también, los que lo mataron. La sentencia únicamente ratificó lo que era sabido de todos, por mucho que se resistiese a aceptarlo. El Presidente, casi ex, era un muerto viviente, que se las creía muy felices con unos Presupuestos dadivosos, si no vergonzantes para la mayoría de españoles, a los que decía defender, pero que escondían únicamente sus ansias de poder, de permanecer en el poder, intentando salvar con ellos la losa de los sobres en B y de los SMS cruzados y finalmente desvelados. Paganinis: todos, en suma. Y la casa por arreglar. Y la que te rondaré morena. ...

¿A qué huele Isabel Coixet? A claqueta

Voy al cine para entretenerme, para pasar un buen rato, para reírme, para emocionarme, para relajarme, para pensar en los míos, para reflexionar sobre el mundo y sobre mi entorno, para hacerme más yo, o para olvidarme de quien soy imaginándome de otra manera y en otro mundo. En lo último que pienso es si lo que lleva entre las piernas el productor supera o no los porcentajes; si se acuesta, deja de acostarse, bebe, fuma o es abstemio de todo o de nada. De la misma forma que tampoco pienso en el sexo –o género, o lo que sea ahora- de las personas que han limpiado los retretes del centro comercial donde están los cines. Lo único que quiero es que estén limpios, y en eso suerte tengo de que los miccionarios masculinos todavía están separados, en la otra puerta. Quiero ver buen cine. No es tan difícil de entender. No quiero que me impongan cuotas de felicidad, de emociones, de depresiones. Me gustan las buenas actrices y los buenos actores; las buenas historias, de risa...

El presidente no tiene quien le escriba

Viajaron a Madrid desde toda España en peregrinación para ver a su jefe, que no para oírlo, como viajan a la Lourdes belga los desorientados dirigentes catalanes para ver al suyo, aunque allí sí lo oyen, pero tampoco lo escuchan. La política española se ha convertido en un diálogo de sordos, aunque también, para lo que hay que oir,… se dirán algunos. Sordos y mudos. Ni quieren oir, ni saben escuchar, y lo peor de todo, ni tienen nada que decir. El que habla no sale en la foto. Nadie sabe ni contesta. Para eso creen que los votamos, que no elegimos, como nuestros representantes. Para que callen nuestra voz, para que no tengan nada que decir, más que seguir fielmente a su líder, el que verdaderamente los eligió poniéndolos en las listas, y del que depende en última instancia que sigan estando en las listas ésas, las que nos hacen votar, que elegir no elegimos nada, por mucho que Podemos quisiera empoderar a aquellos círculos con los que pretendía desarrollar la cuadratura de su ...